jueves, 2 de julio de 2009

Hay que ser gilipollas para comprar un CD teniendo Internet

Eso es (palmo más, palmo menos) lo que ha dicho David Summers, de los Hombres G en la presentación de su nueva web en la sede (manda carallo) de la SGAE.

Que la vida se abre camino es algo que difícilmente se puede poner en duda. Hubieron dinosaurios y ya no los hay; hubieron mamíferos gigantes y se fueron a tomar viento. Del mismo modo que hubo un tiempo en que había traperos que te pagaban porque les llevaras botellas y periódicos y hoy hay políticos que te multan si no los separas. Esto último más que vida es una maldición; o una plaga bíblica.

Si. La industria discográfica (as we knew it) se muere. Gracias a todos los dioses, por cierto. No es que yo odie a esa industria (líbrenme de ello todos los dioses!). Lo que hoy conocemos como industria discográfica es un penoso retrato de Dorian Gray de aquellas pujantes empresas que supieron reconocer el mercado teen cuando el rock iniciaba su andadura. ¿Había discos antes? Si, claro. Pero no existía, ni de lejos, el negocio que nació en aquellos años a la sombra del rock.

El rock y los roqueros, jóvenes que tenían algo de dinero y que estaban dispuestos a gastárselo en conciertos de sus grupos favoritos y en comprar sus discos. No hablamos de Elvis ni de los Beatles. Hablamos de antes de eso, de cuando nació la industria que permitió, después, que algunos (más que otros) fueran conocidos internacionalmente.

La historia del vinilo, especialmente, es la historia de emprendedores, de gente que apostó, acertó y creó imperios que, como suele ocurrir, sucumbieron. De gente que se mantuvo y de gente que fracasó. Gracias a los dioses de nuevo. Porque los imperios que no sucumben se convierten en dictaduras fétidas que castran cualquier expresión libre de las personas.

El vinilo dio paso al CD, un simple cambio de formato. No pasa nada, el negocio sigue igual. Y llegó internet. Y cambió algo más. Y ninguno (o casi) de esos autodenominados "empresarios" o "industriales" de la cosa discográfica se ha enterado de nada. Algo parecido a lo que les pasa a los periodistas. Y todos, como si fueran constructoras o banqueros piden que papá estado les proteja prohibiendo la evolución, castrando la innovación. Debemos enseñarles el dedo de insultar, sin duda. Pero, aunque no lo hagamos, su tiempo acabó y han de morir. Para que la vida siga.

Una anécdota

Hace años (debía ser el 87 o así) me encargaba de la informática en una empresa. Compramos un servidor de una marca que no diré, una marca líder en PC, una empresa compacta ella. El bicho nos costó un millón y medio de pesetas; unos nueve mil euros.

Hoy una máquina que le da mil vueltas en capacidad de proceso, almacenamiento, memoria, gráficos y lo que se os ocurra no vale más de 500. Pero pongamos 900 que me va mejor.

Diríase que el precio ha caido hasta la décima parte. ¿es asi? Pues no. A mi, como comprador, me ofrecieron una comisión del 20%; el programador que intermediaba se llevó otro 20%, el distribuidor no creo que perdiera dinero y detrás estaba el mayorista importador y la fábrica. Al menos el 60% del precio eran comisiones, sino era el 80% (sin contar el márgen de la fábrica). Eso supone que aquel PC no valía 9 mil euros sino 3.600 como mucho; probablemente 1.800.

El coste no ha caído diez veces, sino entre dos y cuatro. ¿Curioso?

Eran tiempos en los que los vendedores de ordenadores conducían, todos, mercedes imponentes, vestían trajes carísimos, se engominaban y... imagine el lector el resto.

Hoy, un vendedor de PC se da con un canto en los dientes si tiene un margen del 5%.

Back to the jungle

Hace cuatro días vimos como, por el mismo precio que comprábamos un CD nos daban el CD con un DVD con vídeos, extras, una hamburguesa doble, tres condones de sabores y un póster doble de regalo.

¿Qué revolución científica permitió esa rebaja de costes? Ninguna en realidad. No la ha habido. Simplemente que el tiempo del chollo se acabó. La competencia de nuevos canales.

A mí me hace mucha gracia (osea, ninguna) el discurso demagógico de que los intermediarios encarecen las cosas. Se nos habla siempre de lo que cobra el campesino por el kilo de patatas y lo que pagamos en la tienda de la esquina. Pero no se habla del transportista, que suele ser un autónomo, que se juega sus cuartos, que ha de pagar su camión antes incluso de dar de comer a su familia; tampoco se habla del almacenista que no vende los mismos kilos que compra porque algunos se estropean, ni se habla del tendero que se levanta a las 4 para ir al mercado de abastos a recoger esa pieza de fruta para que la compremos al ir a trabajar y ha de pagar sus impuestos, su tiemda y arriesgarse a que no le compremos. Claro que el campesino podría traernos esa pieza de fruta. Pero ¿cuanto debería cobrarnos para pagar la gasolina, al conductor (porque no dejará el campo solo, claro), los kilos que se estropeen en el camino y los que no pueda vender? Y, si es tan fácil... ¿por qué ninguno lo hace?

NOTA: de lo anterior excluyo a banqueros y hacienda. Conste.

Ese discurso se aplica, al revés, a quienes nos ponen en el PC, sin costes de intermediación, la producción musical de miles de personas a lo largo del planeta. Curioso.

Sin embargo ese discurso no se aplica a quienes pretenden que papa estado les garantice que van a seguir en sus mercedes, en sus mansiones gimiendo sobre la importancia de la cultura. ¿Por intermediar? No fastidies!

Y va a ser que no. No es cultura de joyas y salones; es expresión, es diversión; siempre ha sido un negocio y debe de seguir siendo un negocio. Porque eso, el ser un negocio es lo que permite que, si no nos gusta, no nos gastemos el dinero en ellos y cierren; y que los que si nos gustan se beneficien de nuestro dinero y prosperen. Por eso el cine español es la porquería que es. Porque cobran aunque nadie, ni los que las hacen, las vean. No protejen la cultura. Protejen sus bolsillos.

Un comentario colateral

¿Seguirá habiendo coleccionistas? Pues claro que si. Los habrá de vinilos, de CD, de chapas de cerveza, de sellos y de cromos de futbol.

Y algunos de esos artículos valdrán mucho en algunos años. Pero no será porque un gobierno y unos ejecutivos decidan protegernos de nosotros mismos para asegurar el dinero para que puedan tratarse el colesterol y esas cosas después de atracarse de marisco (con los banqueros y constructores que ya hoy viven de nuestra miseria). Será porque habrá gente que esté dispuesta a pagar por ello. Como aquellos chavales en los 50.

¿Seguiremos comprando? Pues claro. Otro negocio, otra forma de ganarse las habichuelas, otros trabajos que nacen de las cenizas de los que desaparecen.

Una esperanza

Así como el rock subvencionado no puede ser rock, por definición; la cultura subvencionada no es cultura ni la empresa subvencionada es empresa.

Yo quiero rock, yo quiero cultura y quiero empresas que ganen dinero ofreciéndomela. Espero no ser el único.

Una bienvenida

Bienvenida sea la web y el blog de Hombres G. Mi opinión sobre ellos y sus productos (canciones y demás) es irrelevante. Lo cierto es que alguien, con una cierta imagen, se ha dado cuenta de que el tren no va a ningún lado. Y se ha bajado.

Como dice Elentir:
El paso dado por los Hombres G tendrán que darlo, tarde o temprano, otros grupos musicales si quieren competir en un mundo donde la música se escucha cada vez más en los iPods, en iTunes y en Spotify y cada vez menos en los aparatosos CDs y en los paleolíticos casetes.

Referencias:
Es la libertad de expresión, idiotas
Elentir
Publico
20 minutos
Yahoo
Lujuria rock (sin palabras)
Estrella digital
Libertad Digital
Seguro que hay más; pero como no cobro... os dejo que los busquéis. jejeje

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