domingo, 18 de octubre de 2009

Una despedida

Hay un blog que tiene como lema:
Un blog que no lamenta decir "te lo dije"
Yo tampoco.

Queda muy bien decir que el médico te recomienda un descanso como corresponde a tu provecta edad. Pero va a ser que no me lo creo.

Cuando saludé (porque hay cosas que son personales) el nacimiento del programa "Despues de todo" de Gabriel Albiac hace apenas un mes ya apuntaba yo que
"Muy recomendable, mucho. Veremos cómo evoluciona... porque los himnos son finitos y, por eso mismo, tienden a acabarse."

Diecisiete noches después, 25 horas de programa después, se acabó. Profético fui.

Hay pocos programas de música que yo siga ahora y menos aún en emisoras generalistas. La mayoría de lo que uno encuentra es chicle cuando no moco de elefante o restos de babosas. La música que te llega al estómago no suele estar en el candelero, aunque sorprenda ver cuánta y cuánta gente busca más allá.

Eso hace que sea más triste y penoso que se acabe un programa que valía la pena escuchar. Lo más triste es que lo que se presentaba como un programa, con su futuro, no haya pasado de ser un somero repaso a la discoteca de Gabriel Albiac que, a buen seguro, Gabriel habrá disfrutado rememorando temas y compartiendo sus feelings.

Si se hubiera planteado así, hubiera sido un proyecto interesante. Hoy, Gabriel que tiene 25 horas de cuerda; mañana Pepe, que tiene cuerda para 12 horas y pasado mañana Ricardito (cantidubidubidubi) que quiere disfrutar compartiendo sus gustos y paranoias durante 32.... Y así....

Pero ni eso. A mi me "enoja" especialmente porque da la medida de la importancia que le dan a la música y a ciertas músicas en ciertos entornos.

Un programa es un proyecto que requiere de un plan, de un equipo... de trabajo, de búsqueda, de elaboración. No me cabe en la cabeza que, al iniciar esa aventura, no lo supieran. Simplemente mantener esta casa requiere de ese trabajo, de esa dedicación, de esa disciplina, aunque muchas veces no sepas de dónde sacar el tiempo para concretar las ideas que te rondan.

Hay despedidas que se dan con la lógica tristeza combinada con el agradecimiento por lo compartido. Otras, en cambio, como ésta, sólo puedo darla con esa extraña sensación de haber sido estafado. Espero, como he dicho, que al menos Gabriel haya disfrutado de esas 25 horas de proyecto-programa-cosa.
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